La Organización Mundial de la Salud define la diarrea como la deposición, tres o más veces al día (o con una frecuencia mayor que la normal para la persona), de heces sueltas o líquidas. Añade que suele ser un síntoma de infección en el tracto digestivo, que puede estar ocasionada por muy diversos organismos bacterianos, víricos y parásitos. Así mismo, existe otro mecanismo que suele ocasionar esta afección, que es el consumo de medicamentos como los antibióticos.
La diarrea asociada a antibióticos es una complicación frecuente en pacientes sometidos a tratamientos antimicrobianos, afectando hasta un tercio de los casos tratados con antibióticos, así lo refiere Raúl Grima Vela en la publicación "Probióticos para reducir las diarreas asociadas a antibióticos" (2024), este tipo de diarrea se produce por la alteración de la microbiota intestinal, lo que favorece el crecimiento de bacterias nocivas como Clostridium difficile.
Alquinga Montesdeoca y colaboradores en el estudio “Probioticos como estrategia preventiva frente a la diarrea asociada a antibioticos en adultos (2025) realizaron una revisión sistemática que concluyó que los probióticos administrados en dosis elevadas, pueden reducir significativamente la incidencia de diarreas por antibióticos en adultos, aunque su eficacia depende de factores como la cepa utilizada y el estado de salud del paciente.
En el ámbito pediátrico, Karina Machado en la publicación “Uso de probióticos en el tratamiento y prevención de la diarrea aguda en niños” (2020) destaca que cepas como Lactobacillus rhamnosus GG y Saccharomyces boulardii han demostrado beneficios, reduciendo la duración y severidad de los síntomas. Así mismo, menciona que Lactobacillus casei Shirota tiene evidencia en la prevención de la enfermedad diarreica aguda.
La evidencia científica respalda el uso de probióticos como una herramienta eficaz para prevenir y tratar la diarrea por antibióticos, siempre que se seleccionen cepas específicas y se administren en condiciones adecuadas.
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