Aunque la palabra maíz tiene su origen entre los pueblos originarios del Caribe, dicho cereal, uno de los más importantes a nivel mundial, es originario de nuestro país y según datos de la Secretaría de Agricultura en el portal del Gobierno de México, tan solo en 2021 se produjeron más de 27 millones de toneladas, lo que nos coloca en el séptimo lugar internacional.
Decir que el maíz es un regalo de México para el mundo no es una exageración, ya que existen múltiples evidencias de que su domesticación tuvo lugar en el territorio nacional, posiblemente en el centro del país o en algún sitio de la cuenca del Río Balsas.
De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, a través de su sitio en internet, el proceso de domesticación ocurrió hace aproximadamente 10,000 años, lo que permitió a los grupos nómadas (errantes), convertirse en sedentarios y florecer mucho tiempo después en las grandes civilizaciones, como los Olmecas.
Quizás te parezca extraño el término de domesticación aplicado en plantas, pero del mismo modo que los seres humanos han domesticado especies animales y salvajes para su beneficio, por ejemplo, perros, caballos, vacas, gallinas o abejas, el hombre también ha hecho lo mismo con muchas plantas silvestres.
De hecho, el maíz primitivo no es muy parecido al de nuestros días, sino que éste evolucionó a partir del teocintle, un tipo de pasto que produce varias mazorcas pequeñas y con solo dos hileras de granos duros.
Sin embargo, gracias a la selección hecha por el hombre para obtener cada vez mejores especímenes, más grandes y resistentes al clima y las plagas, el teocintle se convirtió en lo que hoy conocemos como maíz.
Además de ser un alimento, quizás el más importante en la dieta de los mexicanos, el maíz forma parte de nuestra identidad nacional.
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