Estrés y obesidad

09 de Septiembre de 2026

En la actualidad, vivimos en un mundo que demanda cada vez más tiempo, especialmente en las grandes ciudades. Entre el trabajo, la escuela, los traslados y las actividades cotidianas, la alimentación suele quedar en segundo plano.

Sin embargo, una alimentación adecuada requiere planificación: Organizar los menús, comprar los alimentos, lavarlos, desinfectarlos y preparar con anticipación algunos ingredientes. Aunque puede parecer una tarea adicional, una buena organización puede disminuir el estrés relacionado con la alimentación.

La relación entre estrés y obesidad es compleja y está influida por diversos factores. La globalización ha favorecido la disponibilidad de productos de preparación rápida que, en muchos casos, contienen altas cantidades de azúcares, grasas y sodio, pero aportan pocos nutrientes. A esto se suman hábitos poco saludables que pueden alterar nuestro equilibrio metabólico.

Uno de los factores importantes es el sueño. La melatonina participa en la regulación del ciclo sueño-vigilia y su producción está relacionada con la oscuridad. La exposición nocturna a pantallas y luz artificial puede interferir con este proceso.

Dormir poco o tener un sueño de mala calidad puede afectar la regulación del apetito, el metabolismo y las respuestas hormonales relacionadas con el estrés.

Después de una noche de descanso insuficiente, es común buscar café, bebidas energizantes o alimentos ricos en azúcares para obtener energía rápidamente. Asimismo, desayunos basados principalmente en harinas refinadas y azúcares pueden favorecer fluctuaciones de glucosa y aumentar la sensación de hambre posteriormente.

Cuando estos patrones se convierten en hábitos, pueden contribuir al aumento de peso y a largo plazo incrementar el riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas.

Por ello, cuidar nuestra alimentación también significa cuidar nuestra organización y bienestar. Algunas recomendaciones son:

  • Procurar dormir alrededor de 7 a 9 horas, en un ambiente oscuro, silencioso y confortable.
  • Mantener una hidratación adecuada durante el día, de acuerdo con las necesidades individuales.
  • Incluir en el desayuno fuentes de proteínas, grasas saludables y alimentos de buena calidad nutricional.
  • Preferir alimentos frescos o mínimamente procesados y limitar el consumo habitual de productos ultraprocesados.
  • Organizar las actividades diarias, incorporar momentos de descanso y practicar técnicas de respiración y relajación.
  • Planificar los menús y la preparación de alimentos en familia para facilitar hábitos saludables. Consultar a un profesional de la nutrición para recibir orientación personalizada.

Cuidar nuestra alimentación no debe convertirse en otra fuente de estrés. Una buena planificación puede ayudarnos a simplificar nuestras decisiones, mejorar nuestros hábitos y contribuir a un mejor estado de salud.

Mtra. Luz Teresa Zamora Ramos.

Colegio de Nutriólogos de Jalisco.

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