No es ciencia ficción, los superorganismos sí existen.
Para la biología, un superorganismo se define como un “conjunto de organismos que operan de una manera tan estrecha y armónica que se comportan como una sola entidad”.
La mayoría de los superorganismos son insectos sociales, como las abejas o las hormigas.
Según Royston Goodacre, en su artículo “Metabolómica de un superorganismo” (2007), el ser humano puede considerarse un híbrido entre humano y microbio.
Añade además que la salud de este superorganismo se ve afectada por propiedades intrínsecas, como la genética humana y por factores extrínsecos, como el estilo de vida, así como por la adquisición de una microbiota intestinal estable y saludable.
Se estima que estamos compuestos por cerca de diez billones de células, las cuales conforman nuestra piel, músculos, pulmones, cerebro, sangre y absolutamente todos órganos y tejidos.
De acuerdo con el microbiólogo Rob Knight, autor del libro “Desde tu intestino” (2019), en nuestros cuerpos existen aproximadamente cien billones de células microbianas, es decir que los microbios nos superan en una proporción de 10 a 1.
A este conjunto de microorganismos se le denomina “microbiota”, los cuales se encuentran en mayor número dentro del tracto digestivo, pero también colonizan de manera normal la piel, vías respiratorias y vagina, principalmente.
Sin embargo, los seres humanos no solo somos el “anfitrión” de dichos microbios, ni tampoco están ahí únicamente para causar enfermedades, sino que desempeñan funciones esenciales, como la digestión y la respuesta inmune. De hecho, se cree que la influencia de la microbiota en la salud y la enfermedad es todavía más intrincada de lo que se pensaba.
Por ejemplo, se ha encontrado que existe una relación entre la microbiota y diversos padecimientos, como obesidad, diabetes, cáncer, asma, males del corazón, enfermedades autoinmunitarias, artritis y hasta trastornos del comportamiento, entre otros.
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