Microbiota intestinal e hígado graso

08 de Julio de 2026

La sorprendente relación entre la microbiota intestinal y el hígado graso. En los últimos años, la ciencia ha puesto gran atención en un “órgano invisible”: La microbiota intestinal.

Se trata del conjunto de microorganismos que habitan en el tracto gastrointestinal, principalmente bacterias que viven en nuestro intestino y que cumplen funciones esenciales para la salud.

Aunque durante mucho tiempo se pensó que su papel se limitaba únicamente a la digestión, hoy sabemos que influye en múltiples procesos del organismo, incluyendo el metabolismo de nutrientes, la regulación del sistema inmunológico y el control de la inflamación.

Uno de los campos que más interés ha despertado recientemente es la relación entre la microbiota intestinal y el hígado graso no alcohólico. Esta condición se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa en el hígado en personas que no consumen alcohol en exceso.

Actualmente, es considerada una de las enfermedades hepáticas más frecuentes a nivel mundial y suele asociarse con factores como sobrepeso, obesidad, resistencia a la insulina y síndrome metabólico.

Para comprender esta relación es importante conocer el llamado eje intestino-hígado. Ambos órganos están conectados a través de la circulación sanguínea, específicamente mediante la vena porta, que transporta nutrientes y sustancias absorbidas en el intestino directamente hacia el hígado. Esto significa que lo que ocurre en el intestino puede tener un impacto directo sobre la salud hepática.

Cuando la microbiota intestinal se encuentra en equilibrio, contribuye al buen funcionamiento del organismo. Sin embargo, factores como una alimentación poco equilibrada, el estrés, el uso frecuente de antibióticos y el sedentarismo pueden alterar su composición. Este desequilibrio recibe el nombre de “disbiosis intestinal”.

La disbiosis puede influir en el desarrollo del hígado graso a través de distintos mecanismos. Algunas bacterias intestinales aumentan la cantidad de energía que el cuerpo obtiene de los alimentos, favoreciendo el almacenamiento de grasa y el desarrollo de obesidad.

Además, ciertas alteraciones de la microbiota pueden incrementar la permeabilidad intestinal, permitiendo que sustancias inflamatorias producidas por bacterias pasen al torrente sanguíneo y lleguen al hígado.

Estas sustancias pueden activar procesos inflamatorios que favorecen la acumulación de grasa y el daño hepático. Asimismo, la microbiota participa en la regulación de los ácidos biliares y en el metabolismo de nutrientes relacionados con el transporte y almacenamiento de grasas, por lo que cambios en su composición también pueden afectar estos procesos.

A partir de estos hallazgos, los investigadores han comenzado a explorar estrategias dirigidas a mejorar la salud de la microbiota intestinal como parte del manejo del hígado graso.

¿Sabías que una alimentación rica en fibra, frutas, verduras y alimentos fermentados favorece una microbiota intestinal más diversa y saludable? Asimismo, el consumo de probióticos puede contribuir al equilibrio intestinal.

Aunque todavía se requieren más estudios para comprender completamente esta relación, cada vez es más claro que la salud del intestino y la del hígado están profundamente conectadas.

En el equilibrio de lo invisible, el cuerpo encuentra su armonía, cuidarlo es una de las formas más profundas de construir salud.

Lic. en Nutrición Silvia Damián Rosas.

 


Publicado en Familia Yakult No. 381, julio de 2026. 

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