Los sistemas de nuestro organismo están intercomunicados entre sí por grandes vías que llevan información de un lado a otro.
Lo mismo sucede con la microbiota intestinal, la cual mantiene conexión con diferentes órganos, como el cerebro, el hígado, los pulmones, las glándulas mamarias, los genitales, los huesos y los músculos.
El eje intestino-cerebro (EIC), según María Gómez-Eguílaz y col., en su artículo “El eje microbiota-intestino-cerebro y sus grandes proyecciones” (2019), es una interacción compleja entre los siguientes sistemas:
¿Por qué es importante?
Debido a que en este eje se ven involucrados elementos reguladores de varios sistemas que resultan fundamentales.
Cuando alguno de estos elementos comienza a funcionar de manera alterada, puede perjudicar a los demás, tal es caso de la microbiota intestinal.
Cuando ésta sufre un desequilibrio, es decir, se afecta la composición y el número de los microorganismos, especialmente las bacterias, se producen sustancias proinflamatorias que alteran al sistema completo, según nos comenta Luis María Bustos en su artículo “Eje microbiota intestino cerebro: Importancia en la práctica clínica” (2022).
Alteraciones del EIC
Una de las señales más comunes es la inflamación del colon, conocida comúnmente como “colitis nerviosa”.
Otros posibles síntomas o trastornos son: Falta de concentración, pesadez o irritabilidad, Alzheimer y esquizofrenia, entre otros, según revela Pedro Andreo Martínez y col., en su artículo “La microbiota intestinal y su relación con las enfermedades mentales a través del eje microbiota intestino cerebro” (2017).
Afortunadamente, es posible mantener en buen estado nuestra microbiota intestinal a través de una alimentación que incluya probióticos y fibra.
Recuerda que el Lactobacillus casei Shirota de Yakult es considerado un probiótico.
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