¿Qué me gustaría ser de grande?
¿En dónde me gustaría trabajar?
¿Qué voy a hacer cuando me retire?
Todas éstas son preguntas que probablemente nos hacemos alguna vez y que sirven para darnos una dirección en la vida.
Sin embargo, esto por sí solo no es suficiente para alcanzar nuestras metas, sino que es necesario establecer objetivos a corto, mediano y largo plazo, así como trazar una ruta para conseguirlo.
De este modo, podemos definir a un plan de vida como un mapa o instructivo que nos ayuda a priorizar lo que es más importante, tomar decisiones basadas en dichas prioridades y para ello debemos tener definido el camino para llegar o los pasos a seguir, pero también hay que ser flexibles.
De acuerdo al manual "Proyecto de vida para las y los adolescentes" (2020), elaborado por el Gobierno del Estado de México, para tal fin "se requiere de un proceso de introspección, autoconocimiento y reflexión, esto permitirá que el proyecto de vida sea realista y objetivo, acorde a nuestras necesidades, intereses, deseos e incluso habilidades".
Probablemente, el beneficio más importante de contar con un plan de vida es tomar el control de nuestras vidas y trabajar por el futuro que anhelamos, aunque también es útil para lo siguiente:
Con frecuencia, vamos por la vida "cargados de buenos deseos y sueños", esperando que las cosas buenas ocurran por casualidad, pero la realidad es que la suerte no siempre estará de nuestro lado, sino que tenemos que trabajar para alcanzar nuestras metas.
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